Había una vez un Roberto Huezo en Japón

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Había una vez un Roberto Huezo en Japón

Había una vez, un Roberto Huezo, puesto con la felicidad, en oriente: Japón. Un día lleno de sol y de aire fresco en la prefectura de Takayama, paseábamos sobre la nieve, observando la arquitectura de una de las villa más antiguas de Japón. Siempre nevada por su altura, fue venerada por los primeros comerciantes de la ruta de la seda. La felicidad era saber que aquello, era mejor de lo que había pensado.

Esa antiquísima villa, ahora, prefectura se desarrolló y se conservó, sin mayores cambios, en la arquitectura de sus ryokanes. El más antiguo ryokan es famoso porque en sus estancias han estado, el primer hombre en escalar el Everest, la reina victoria vino a ése ryokan para pasar allí varias noches. Los que visitan Takayama tienen que ir a gozar un ryokan. Allí estuvo también André Malraux cuando fue ministro de cultura, invitado por la  Japan Foundation.

El ryokan (旅館, »ryokan») es un tipo de alojamiento tradicional japonés que originalmente se creó para hospedar visitantes a corto plazo. El suelo de las habitaciones de un ryokan son de ‘tatamis’ ó esteras que son modulares. Y las puertas, japonesas, son unas puertas corredizas hechas de papel o ‘shoji’. Sus habitaciones se componen de un piso de ‘tatamis’, baños termales colectivos ‘onsen’. Y se come muy bien. Todos somos capaces de ser felices. Todos tenemos derecho de ser felices. Todos tenemos la obligación de ser felices.

Y allí estaba yo, en Takayama, Japón, en el más antiguo ryokan. Después de pasear llegué por la tarde, muy tarde. Me asusté cuando el dueño vino, hacia mí, nos hicimos una reverencia, y luego se agachó y me quitó mis botas de nieve con un respeto y atención que yo no conocía, un señor de unos setenta y pocos años. La “Japan Foundation” me había delegado, en ese viaje­beca, a un ‘secretario guía’ en el inicio a ­Hogaku Tzurumaki, de unos treinta y muchos años para lo antiguo, posteriormente a Miyako Aoki de unos treinta y pocos años para lo nuevo­ quienes me explicaban lo que sucedía o iba a suceder durante mi estancia. Y sus protocolos. Luego de ponerme unos ‘guantes de pies’ llamados ‘tabi’ para poder caminar allí dentro del ryokan, agradeciéndole, le hice una nueva reverencia al dueño. Buscar la felicidad no debe de ser  un objetivo.

Me invitó a conocer en donde me iba a quedar de posada. Entramos al ryokan, luego hizo correr la puerta y entramos al ‘agari-kamachi’ (pequeño lugar que se encuentra tras abrir las puertas, al quitarse uno sus zapatos), después de abrir las puertas ‘shoji’ (puertas corredizas) que separan el ‘agari-kamachi’ hacia  la habitación. Un duro tejido de fibra natural, el ‘tatami’ cubriendo el piso, definía modularmente el tamaño del espacio de alojamiento. La felicidad es lo que merece tu  vocación.

Asumí que cenaría y luego dormiría pero mi ‘secretario’, muy gentilmente, me dijo que me tenía que bañar. Y apareció en mi ‘cuarto’ una anciana, la cual me traía una sencilla ‘yukata’ para vestirme e ir al baño. Este era de piso de bambú con espaciado para que el agua usada fluyera hacia abajo. Ella, la señora, después de limpiar mi cuerpo, desnudo, desde los pies hacia la cabeza, delicadamente, con agua caliente y ‘restregarme’ con una esponja, todo mi cuerpo me hizo señas para que entrase a una especie de pila muy pequeñaonsen’, baño colectivo para tres, ya con mi cuerpo limpio. Sólo estábamos ella y yo. Yo sentado en el onsen’, pues tiene una especie de grada para ello. Es un espacio como de un metro por un metro por un metro, de madera de cedro que perfuma, lleno de agua y al nivel del suelo. La felicidad es sentirse completamente vivo.

Dentro de éste, el agua era muy caliente y uno, al sentarse,  el agua quedaba exactamente hasta el nivel de la boca. Allí me dejo unos minutos. Luego me ayudo a salir y me  secó mi cuerpo delicadamente. Después me llevo a mí ‘cuarto’ y me vistió con una piyama japonesa. El miedo es un impedimento para la felicidad.

Me sentó en el ‘tatami’ y me indico que me iba atender para cenar, sentado en posición de yoga, sobre ‘zabutones’ (almohadones para sentarse) frente a unas mesas bajas de madera. En el piso había un bello ‘futon’ (grueso edredón para dormir). Supe de inmediato que aquello que estaba pasando era para gozar, para ser feliz, en el lugar más recóndito del planeta. Totalmente rodeado de nieve. Una frugal cena y luego a dormir. Una ‘almohada’ del tamaño de mi cabeza, de madera con un colchoncito para mi nuca… luz, mucha luz, en mi vida: felicidad. La felicidad es una condición del ser, cuando todo está en su lugar.

El dueño vino a mí ‘cuarto’, para ver si todo estaba bien y para contarme un koan : “un gusano de seda , también se puede convertir en un dragón, y luego retornar a gusano de seda”. Dijo que me había observado y sentía que yo podía ver esa transformación. Que lo hiciera. Que yo estaba en ese proceso de transformación. La felicidad es ser respetado por lo que eres. Aprendí mucho sobre la felicidad, fue un viaje de iniciación hacia mi transformación.

Y un día, de repente, había alegría, una gran cantidad de formas de peces en tela de seda que colgaban de unas astas de madera en toda la prefectura de Takayama. Una gran algarabía, recuerdo que era el día de ‘koinobori’,  día del niño. Sin previas señales, se vino el viento, y toda forma que estaba colgada comenzó a volar, fija a un punto con cordones. Los peces eran el ‘koi’, pero había también banderas o trozos de tela cuadrados y rectangulares, que se animaban y cobraban vida con el viento. Mi ‘secretario guía’  me explicó que mirase el viento, que ésa era la felicidad… sentir el viento. Viéndolo pasar, ‘mirarlo’ a través de los cuerpos de tela de los “koi” o carpas doradas y de varios otros colores que se inflaban y adquirían vida, tomando su forma gruesa y volando, como ‘vuelan’ en el agua. Los tamaños de estas carpas varían de unas pocas pulgadas a algunos metros de largo. Yo lograba sentir y ver ése viento, fui feliz. La felicidad es saber cómo celebrar.

Las banderas ‘Koinobori’ (鯉幟?) Ó ‘satsuki-nobori’ (皐幟, さつきのぼ) son banderas tradicionales japonesas con forma de carpa que se izan en los días especiales de los niños (como el ‘kodomo no hi’). Tradicionalmente los japoneses asocian esa carpa con los niños debido a la fuerza que realizan éstas al nadar contra la corriente en los ríos hasta llegar a su lugar de azobamiento.

El día de los niños tiene lugar el 5 de mayo y todos los edificios y plazas son decorados con ‘Koinobori’ desde abril o principios de mayo en honor de los hijos y con la esperanza de que crezcan fuertes y saludables y eso  también es la felicidad. Si tu felicidad hace a otros felices se puede vivir feliz.

R.h.  1973 ­ 1975 ­ 2017. 

‘KOINOBORI’

ROBERTO HUEZO, SENDAI, JAPÓN, (ABRIGO NEGRO). CON BALMORE GARCÍA, DERECHA, MIYAKO AOKI IZQUIERDA. EN EL MEDIO EL GRAN PINTOR SATO, SENSEI.
OTROS DATOS.

‘Tabi’: calcetín blanco a manera de guante de pies. Solo enguanta el dedo gordo y aparte enguanta los otros dedos juntos, la misma pieza, de tela suave.

‘Yukata’: bata o vestido muy delicado, para salir del cuarto.

 ‘Geta’: sandalias planas de Madera de dos tacones rectangulares en lo ancho, uno adelante y otro atrás.

¿QUÉ DICE WIKIPEDIA?...
WIKIPEDIA.

El origen de un lugar de descanso durante un viaje data del Período Nara con las denominadas ‘fuseya’ (伏屋?), humildes casas de descanso gratuitas. Por aquellos días, los viajes eran peligrosos ya que la gente no poseía refugios en la noche, razón por la que muchos viajantes podían incluso morir a mitad del trayecto. Por tal razón, un grupo de monjes budistas comenzó a construir puentes y carreteras en lugares de tránsito peligroso y adecuar sitios para alojar a viajantes ocasionales. Durante el siguiente Período Heian los lugares de descanso para peregrinos fueron templos, (que luego se llamaron ‘shukubō’, (宿駅), en español «alojamiento del templo») y también grandes casas pertenecientes a aristócratas de la época.

Más adelante, en el Período Kamakura, surgieron los ‘kichin-yado’ (木賃宿?), simples lugares de tránsito en donde sólo se cobraba el costo de la madera utilizada para calentarse y cocinar la comida que el viajante ingiriese. Con el correr del tiempo se fueron dando una serie de nombres como ‘hatago’ (旅籠?) y ‘honjin’ (本陣?) para designar a esos lugares de descanso que sirvieron de base para la creación de los ryokan.

Es a mediados del Período Edo cuando el ryokan surge de manera oficial en 1750 a raíz del gran tránsito de personas (aproximadamente más de un millón y medio de personas promedio) que pasaban por Tōkaidō, antigua región japonesa situada en la costa sur de Honshū, principal arteria de tráfico entre Edo y Kioto. Esta cantidad de viajantes aumentó considerablemente en los siguientes años. Tal demanda de alojamiento requirió el desarrollo de una gran «cultura hotelera», reflejada en la arquitectura y las características de la vivienda típica de Japón, desde el Período Heian hasta nuestros días.

Características

La estructura de un ryokan y sus habitaciones se componen de un sistema de puertas y paredes corredizas o ‘fusuma’ (襖?) que pueden abrirse e incluso retirarse. Estas facilitan una división flexible del espacio que permite tanto el recogimiento como la adaptación para una reunión. Este sistema permite un mejor aprovechamiento de la brisa fresca y una vista hacia el jardín. El diseño de las habitaciones del ryokan se desarrolló a partir de la proximidad con la naturaleza para crear sutiles ambientes contando con el canto de los pájaros y el zumbido de los insectos de otoño, el sonido del viento entre las ramas de pinos y el olor de la tierra tras la lluvia de verano. El suelo de la habitación está cubierto por un ‘tatami’, considerado el mejor revestimiento para crear un clima interior especial debido a su absorción acústica y aislamiento sonoro.3 La mayoría de estos establecimientos (ahora) de lujo están construidos en madera, de una o dos plantas, con no más de 30 habitaciones.

Los elementos que se pueden encontrar en una habitación son:

Entramos hizo correr la puerta y entramos al agari-kamachi (pequeño lugar que se encuentra tras abrir las puertas al quitar sus zapatos) después de abrir las puertas shoji (puertas corredizas) que separan el agari-kamachi de la habitación el tatami cubriendo el piso definía el tamaño del espacio del  alojamiento.

shoji (puertas corredizas) que separan el agari-kamachi de la habitación el ‘tatami’ cubriendo el piso mesas bajas de madera ‘zabuton’ (almohadones para sentarse) ‘futon’ (edredon para dormir).

un ‘tokonoma’. Sector de la pared de la habitación principal reservado para exponer rollos de caligrafía, arreglos florales u otros artículos importantes. Está siempre situado por encima del nivel del suelo, como un zócalo o pedestal.

un ‘oshiire’ (un armario para guardar el futon)

un ‘engawa’ (una plataforma tipo balcón a nivel de piso que da al jardín)

Las temporadas altas de recepción de turistas en los ryokan son durante la primavera (marzo/abril) y el otoño (octubre/noviembre) japoneses, por lo cual la reserva se realiza con mucha anterioridad.

Aun cuando se utilizan puertas con bisagras por razones de seguridad, la entrada a un ryokan generalmente consiste de un pequeño descanso en donde los huéspedes pueden quitarse sus zapatos antes de pisar el ‘tatami’, el cual deberá estar separado por una puerta corrediza. Acto seguido, los visitantes podrán calzarse su respectivo par de ‘zōri’ (sandalias) o calzado pantufla.

Desayuno servido en un ryokan.

(‘Tsukemono’ servido en Motonago Ryokan, cerca del templo Yakasa, Kioto).

Las comidas tienen lugar en las estancias privadas de cada habitación y se come sentado en cojines que por la noche han de dejar sitio al ‘futón’. La cena ‘kaiseki’ (ahora, en este siglo xxi), consta de más de veinte platos de cocina cortesana, cada uno de ellos con detalles sumamente cuidados. Cada grupo de habitaciones posee su propio ‘ofuro’ (baño caliente de madera de cedro para relajarse) y el propio ryokan dispone de un baño común, el cual se conforma de una gran bañera natural situada en el jardín o bien un lugar reservado con vistas a la naturaleza. Si se desea salir a dicho jardín, el huésped deberá utilizar usar ‘geta’ (sandalias de madera) o ‘setta’ (sandalias de cuero).7 La vestimenta requerida para este tipo de alojamientos es el ‘kimono’ o ‘yukata’, proveídos por el lugar mismo. Las texturas de la madera y adornos, así como todos los materiales utilizados en su construcción mantienen su belleza original intacta, complementando la simpleza de su estructura.

Categorías: Textos

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